El día a día de un hostal hospitalario

“Es un hotel muy bonito, camas muy confortables, televisor plasma de 40 pulgadas; lo único es que estamos aislados, y ese es el objetivo, la intención es que no sigamos transmitiendo ese virus”. 

Mario describe así el momento más definitivo de su vida de 53 años, ese mismo día los está cumpliendo y en lugar de la acostumbrada parrillada familiar y torta de celebración, con su extensa familia –que convive en una cuadra completa de la parroquia Cristo de Aranza– a los únicos que ve es a los doctores que puntualmente llegan cuatro veces al día a chequearlo; también a los camareros que le reparten la comida y le traen el agua, o la persona del hotel medicalizado que tiene como misión entregar las provisiones que le hace llegar su familia.

Desde hace 14 días está hospedado en uno de los 16 hostales hospitalarios que están acondicionados en Maracaibo, para recibir a los pacientes que padecen COVID-19, pero que no presentan síntomas.

-¿Usted es vecino del mercado La Pulgas?

-No sólo soy vecino de Las Pulgas. Yo prácticamente nací ahí, tenemos un local frente a La Libertador, más otros locales más adelante. 

Recuenta que la vena comercial en este mercado inició con su papá, metido en el negocio de las telas, línea que él ha seguido en diferentes variantes: uniformes escolares y ropa de vestir. Ahí nació, creció, trabajó, y ahora se enfermó de la mortal pandemia y aunque su vida no corre peligro por ahora, pues afortunadamente pertenece al 80% de los zulianos que no sufren síntomas, sí teme mucho por la vida de sus familiares, razón por la cual tomó voluntariamente la decisión de aislarse en este hostal hospitalario al saberse portador del temido virus.

Solicita guardar reserva de su identidad, pues la discreción forma parte de su vida. “Esta no es una enfermedad vergonzosa, es una pandemia y cualquiera la puede tener, pero soy una persona que siempre me ha gustado pasar inadvertida, toda la vida, a pesar que soy popular en el medio en que yo trabajo”

-¿Qué sintió cuando le notificaron que era positivo al COVID?

-No fue lo que pensé, sino lo que sentí; sentí que me tiraron un balde de agua fría. A mí, que ni siquiera una lagaña me sale.

-¿Cómo ha sido su experiencia en el hostal?

-Ya estoy relajado, ya pasé ese trauma de los tres primeros días, que es fatal, encerrado en una habitación; donde yo vivo, en una casa con un patio grande, uno se entretiene, uno alimenta los pollos, pero hoy en día ya he entendido el objetivo que nuestro Presidente tiene, que es cortar esa pandemia.

-¿Cómo ha sido su vivencia?

-He corrido con una suerte grande, el trato de los médicos aquí conmigo es excelente, cuando a los demás los visitan dos veces, a mí me visitan 3 y 4. Están pendientes conmigo con el tapabocas, me toman la tensión. Con la gente del personal obrero acá es gente muy humilde, gente cariñosa.

-¿Cuál es la rutina diaria?

-Dijiste la palabra mágica, es una monotonía, todos los días es lo mismo, permanecer aislado en sus habitaciones, televisor, guasap y comunicación por el teléfono con los familiares. Los médicos pasan a las 8:30 am y las 5:30 pm, pero si vos los mandáis a llamar, ellos vienen.

-¿Qué tal es la alimentación?

-No podemos exigir. Lo que nos pongan, eso es. Nunca nos dejan sin almuerzo, incluso hasta dos desayunos, dos almuerzos y dos cenas me han puesto, que yo he tenido que regalar. Eso es mentira que hay gente durmiendo en el piso, gente pasando hambre. Aquí nos atienden como nos merecemos. 

-¿Y por qué le sirven doble comida?

-Uno aquí hace amistades y una mano lava la otra (risas), las cocineras como que les sobra comida y la comparten. Y a mí, la familia me trae también, y entonces regalo. Aquí no me hace falta nada.

-¿Qué le recomendaría a alguien que le digan que es positivo?

-Primero, mucha serenidad, porque el que maneja serenidad tiene el poder; la determinación y el coraje, y la responsabilidad de cuidarse él mismo y su familia. Y que tengan la responsabilidad de hacerse la prueba. Insisto a la gente, a mis amigos, a mis familiares, que esto es serio, que se hagan la prueba, que si es de
aislarse, se aíslen.

-¿Qué ha sido lo más díficil?

-Las dos cosas más difíciles fueron esos tres o cuatro primeros días por la tensión, que me tenía preocupado, y la otra preocupación es que de verdad me hace mucha falta estar con mi familia, más en estos momentos de pandemia. Nosotros vivimos todos: mi mamá, mi papá, mis hermanos, sobrinos, nietos, todos vivimos en una cuadra, imagínese usted que yo cumpliendo años hoy...les di permiso para
que disfruten de la celebración.

-¿Qué piensa su familia de su aislamiento voluntario? 

-Ellos me apoyan. En realidad la decisión la tomé yo, por el bien de ellos. Para que no pasen lo que yo estoy pasando. La persona que nos puede contaminar es nuestra propia familia...nadie tiene en la frente positivo o negativo. A pesar de que yo soy asintomático, pero aquí uno piensa que pasará más adelante. 

-“¡Mirá, tengo algo más que decir!”. “La prueba (del COVID) no debería ser opcional, debe ser obligatoria. Si yo hubiese sentido una anomalía acá (hostal), te aseguro que yo estuviera llamando a todos los medios, tengo muchos amigos del medio radial; incluso, soy fundador de la 104.9 FM de Las Pulgas. Si hubiese sentido (queja) una verguita así de chiquitica, te lo hubiese hecho saber. Una cosa más: “Tenemos que tomar esto muy en serio, y cuidarnos”.

Por Lisbeth Rosillón
Oficina de Comunicación e Información.
Alcaldía Bolivariana de Maracaibo.