El femicidio, la peor peste

Se han levantado voces y se han concretado esfuerzos para erradicar el femicidio, sin embargo, no es suficiente. Al igual que la peste y otras enfermedades, el machismo avanza, se apodera de los espacios, causando estragos en el mundo de hoy, donde aún es baja la denuncia basada en violencia de género y en lo que se refiere a los agresores, se mantienen altos niveles de impunidad.

La Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) presentó un informe sobre 15 países de la región, para informar que al menos 3.287 mujeres fueron víctimas de femicidio durante 2018. Si a estos se suman los datos de 10 países que solo registran el delito cometido a manos de la pareja o ex pareja de la víctima, se puede afirmar que el número de muertes es de 3.529 ciudadanas.

La realidad en Venezuela

En nuestro país, el femicidio se tipificó por primera vez en la reforma de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, el 25 de noviembre de 2014, en Gaceta Oficial número 40548.

Esta normativa, que contempla 21 tipos de violencia de género, define este flagelo como: “La forma extrema de violencia de género, causada por odio o desprecio a su condición de mujer, que degenera en su muerte, producidas tanto en el ámbito público como privado”.

La Organización Mundial de la Salud aclara que la violencia contra las féminas abarca una amplia gama de actos: desde el acoso verbal y otras formas de abuso emocional, al abuso físico o sexual cotidiano. En el extremo del espectro está el femicidio: el asesinato de una mujer, por el hecho de ser mujer.

La antropóloga Aimee Zambrano Ortiz, integrante del colectivo Comando Creativo y la plataforma comunicacional Utopix.cc., presentó una investigación denominada “Monitor de femicidios registrados en medios digitales, Venezuela 2019”, que arrojó los siguientes resultados:

Para 2020, la investigadora alertó que solo en junio en Venezuela ocurrieron 21 femicidios (que fue la segunda cifra más alta de 2019); para alcanzar un total este año de 130 casos, a una media de 5 femicidios semanales.

¿Cómo explicar esta realidad?

El filósofo Antonio Boscán expuso que para determinar las causas de esta difícil realidad, primero se debe reconocer que no se conoce la situación real en los municipios del país. Casi siempre las estadísticas se extraen de las noticias publicadas en medios de comunicación, que se refieren a las metrópolis como Maracaibo o San Francisco, pero quedan de lado las zonas foráneas.

“No existe un grupo interdisciplinario que se encargue de hacer unos estudios formales de la situación de violencia en el territorio. Es una debilidad”, apuntó.

El experto señaló que en el caso del Zulia, un factor que se debe tomar en cuenta es la cercanía con la zona fronteriza. “Recordemos que el estado es multicultural. Esa dialéctica entre las diferentes culturas también tiene algún tipo de incidencia en el desarrollo o en la forma en que se manifiesta la violencia de género”, precisó.

Este investigador mostró las posibles causas de los altos índices de violencia basada en género:

• Reacción contra los avances del movimiento feminista: Muchos hombres se sienten amenazados porque están perdiendo poder y están reaccionando de manera violenta.

• Debilidad en las instituciones: “Las instituciones no están construyéndose con el propósito firme de utilizar todos su recursos para tratar de solventar esta difícil problemática. No hay políticas firmes que traten de instrumentalizar los mecanismos de protección, de prevención y de erradicación de este tipo de violencia”, precisó Boscán.

Falta de recursos: Para erradicar la violencia contra la mujer, hace falta una gran inversión de recursos que solamente pueden propiciar y proporcionar las instituciones. “El feminismo no vende dentro del sistema establecido, no es rentable. Es más rentable la violencia, es la que genera recursos”, sentenció.

• ¡La religión, le educación y los medios de comunicación son otro problema!: Otro inconveniente a superar son las instituciones religiosas, que persisten en seguir imponiendo roles tradicionales y patriarcales que están frenando, interrumpiendo, todos los avances y las transformaciones que están propiciando los movimientos feministas.

“Otra aspecto clave son las instituciones educativas, que todavía no han aceptado ni reconocido la necesidad de la transversalización en todas las áreas académicas para incluir los estudios de género. Por lo tanto, en las instituciones educativas persiste la ideología patriarcal que no acepta y se sigue oponiendo a esta política de cambio necesaria para la mujer y la sociedad entera. Es insólito”, precisó el docente.

Por último, están los medios de comunicación que, en su mayoría, siguen controlados por clases jerárquicas que tienen el poder y el dinero, entonces siguen trasmitiendo mensajes violentos. También ofrecen una idea y una imagen de la mujer convencional, tradicional, que lo que hace es mantener los cánones impuestos. Esto no ayuda a la colectividad a salir de la situación de violencia.

¡Atentas! El agresor puede ser cualquiera

Anicarmen Chirinos, coordinadora de Violencia Basada en Género del Fondo de Población de Naciones Unidas en el estado Zulia, aclaró que no existe un manual para identificar un agresor, pero sí se creó una herramienta pedagógica que es el violentómetro”, el cual permite ver algunas de las manifestaciones de violencia y de alguna manera permite medir, desde un punto de vista didáctico, los niveles de riesgo que sufre una víctima.

Acá se muestra este instrumento para que las mujeres reconozcan cuando están en presencia de un agresor y determinar el momento en el que deben buscar ayuda:

La psicóloga manifestó: “Como sociedad seguimos defendiendo al maltratador y culpando a la víctima. Generalmente asociamos al agresor como una persona con afinidad a las drogas o que mantienen trastornos psiquiátricos. Hay que tener mucho cuidado con estos manejos porque de alguna manera justifican el comportamiento violento”

De igual forma, la especialista planteó que una de las características que podemos ver en un hombre agresivo es su capacidad de manipular. “El agresor puede ser cualquiera, con cualquier edad, cualquier nivel académico o económico. Un agresor en su patrón de conducta y de pensar tiene una creencia bastante machista y considera que la mujer es inferior. A su vez, muestra equilibrio y amabilidad ante la sociedad, es por ello, que muchas veces la mujer que denuncia no es tomada en cuenta o se tilda de mentirosa”, acotó.

Existe algo que se llama el ciclo de la violencia que es lo que mantiene a la mujer inmersa en esta realidad difícil y tétrica. “Es ese proceso primero como de luna de miel, de encantamiento, que estamos acostumbradas: todo es lindo y todo son promesas. Después viene ese proceso de acumulación de tensión, donde efectivamente puede haber indicios de violencia psicológica, de amenaza, de acoso. Luego, es el estallido. Finalmente, está esa etapa en la que agresor sabe que la persona (víctima) se le puede ir, abandonar la relación y él comienza el proceso de encantamiento y de luna de miel nuevamente y justifica la violencia. Nadie quiere permanecer en este ciclo, no es real que la mujer sea masoquista”, añadió.

La funcionaria de las Naciones Unidas presentó algunas repercusiones que tiene la violencia de género en la salud física y mental de las víctimas:

¡La cura sí existe!

Sin duda, nuestra sociedad sí tiene cura. Los machistas criminales se condenan, se denuncian. El femicidio se debe detener, al igual que se detienen las pandemias. Transformar la realidad es una tarea de toda la ciudadanía. Una manera de iniciar esta lucha es preguntándonos cuántas veces al día respaldamos, aceptamos o practicamos con hechos o palabras la violencia contra la mujer.

El otro paso es auspiciar y crear, desde todos los espacios, la cultura de respeto, inclusión y emancipación de las mujeres. Como lo dijo Kelley Temple: “Los hombres que quieran ser feministas no necesitan tener espacio en el feminismo. Necesitan tomar el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”.

¡Vivas nos queremos! Créele a ellas, apoya a las víctimas. No te burles del feminismo. Si eres mujer, no seas sumisa ante un sistema tan degradante y obsoleto como el patriarcal. Sororidad y justicia, eso es lo que hace falta.

Por Yuri Alarcón
Oficina de Comunicación e Información
Alcaldía Bolivariana de Maracaibo

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