La abnegada fuerza de choque contra el coronavirus en el Zulia

Ellos son la primera fuerza de choque contra el COVID-19 en Maracaibo, y en el Zulia. Llevan cinco meses en alerta continua, en jornadas intensas de 24 horas, sin descanso, de lunes a lunes; no sólo atendiendo pacientes (sospechas y cuadros de salud compatibles o afines con el orthocoronavirinae; más los otros casos clínicos que ordinariamente se presentan a los centros de salud) sino que incluso van a las calles a buscar al zuliano –o cualquier otro ciudadano, sin mezquindad– que necesite atención médica, y gratuita, en medio de esta pandemia.

Van casa a casa. También son los primeros rostros que ven los compatriotas que decidieron regresar –a como diera lugar, luego de ser víctimas de ataques de xenofobia e ignorados por los gobiernos y los servicios de salud, la mayoría de ellos privados, de los países vecinos– a suelo venezolano. Y son los que los ubican en los sitios de acogida, hasta que se asegure que no están afectados.

Sus familias los ven en intervalos breves de tiempo, después que se despojan cuidadosamente de su indumentaria sanitaria, que se asean concienzudamente para no exponerlas a ningún riesgo; posteriormente, y luego de olvidar por un momento ese rol estelar que ahora están desempeñando en la lucha contra la pandemia, retornan con sencillez a sus deberes de papá o mamá, o hija o hijo, nieta o nieto, tía o tío.

 

Son los trabajadores de Barrio Adentro, quienes en los 64 CDI del Zulia –25 de ellos situados en Maracaibo–, más el equipo de los 1.478 consultorios populares, nos cuidan y nos curan. Son a quienes les confiamos el bien más importante que tenemos: nuestra vida. Representan la primera fuerza de choque contra ese silencioso y mortal agente patógeno que ha dejado una estela de 3.5 millones de enfermos en el mundo y 241 mil fallecidos. Son los trabajadores sanitarios.

No tiene precio”

Para Maithe García Morillo, enfermera de profesión, y quien comanda un nutrido equipo de 85 trabajadores –entre médicos, odontólogos, enfermeros, obreros, cocineros, agentes comunitarios, higienistas dentales y milicianos, quienes laboran en el CDI La Chamarreta, en los 28 Consultorios Populares de la zona y en las 2 Bases de Misiones de la parroquia Francisco Eugenio Bustamante, las tres instancias que conforman el Área de Salud Integral Comunitaria (Acic)– “no tiene precio lo que se está haciendo por nuestra Venezuela” en el plan nacional para combatir el coronavirus. “Ha sido un trabajo arduo, no hemos descansado, ni vamos a descansar”. Dice estar orgullosa de todo su equipo, y también de sus superiores, por la gran respuesta, altura y compromiso demostrado en el cumplimiento de la gran misión de proteger y salvar vidas. “Yo como buena soldado de esta Revolución, me he montado en atender a esos pacientes…en comandar a mi equipo para que se atienda a toda la comunidad”.

Lo más difícil que le ha tocado enfrentar, no es el arduo trabajo, sino cuando uno de sus pacientes arrojó positivo en la prueba COVID-19; quien, “gracias a Dios, y la atención”, ya está en recuperación. El mayor éxito –dice– es el resultado que se ha obtenido hasta ahora: “una mínima tasa de fallecidos, y un alta tasa de recuperados”. Por eso –añade– bien han valido todos los esfuerzos y sacrificios. Su familia teme por ella, su madre, sus hermanos; pero ella les responde que se tranquilicen, que todo está bien, “que tengo que estar batallando aquí”.

Ginger Monasterios desempeña uno de los puestos más claves en el combate contra el COVID-19 en nuestro estado. Es la epidemióloga regional de Barrio Adentro Zulia. Todos los números que dibujan, o desdibujan –gracias a las fuertes medidas de combate– este mal en la entidad, salen de sus manos. En su labor, la acompañan 65 colegas del área de Epidemiología.

“En este momento Barrio Adentro es el eje principal, nos dieron esa función, y ha sido gratificante tener todo el equipo completo, abocado en las comunidades, trabajando en el día a día, en el casa a casa; llegando hasta los lugares más lejanos, donde la gente no se imagina y donde haya alguien que necesite de nosotros…orientándolos en lo que deben hacer, que sientan que nosotros estamos haciendo algo por ellos, que no están solos. Lo más gratificante es ver, cuando uno llega a un sitio, y la gente confía plenamente en nosotros”. No tiene miedo a contagiarse y dice: “el apoyo más grande que he recibido es el de mi familia. Es fundamental…me esperan con los brazos abiertos”.

Sin desfallecer

“Ha sido un trabajo arduo, pero maravilloso. Hemos trabajado en grupo…Lo más satisfactorio ha sido la mística de todo el personal; la de los venezolanos, entregados a la tarea, y la de los cubanos, atendiendo a la población local como si fuese de ellos, como uno de sus compatriotas”, valora Oneida Atencio, médico General Integral, quien dirige un equipo de 65 personas en el Asic El Pinar, en la Manuel Dagnino.

Su esposo le brindó el mejor consejo y aliento para continuar en esta lucha: “si te hiciste médico, no puedes tener miedo; tienes que tenerle es respeto a la enfermedad, pero no miedo”. “Esas palabras me hicieron crecer, no me han dejado desfallecer…Sí, estamos cansados, pero no vencidos. Vamos a seguir. Hemos realizado un trabajo magnífico”, sonríe.

Por Lisbeth Rosillón
Oficina de Comunicación e Información.
Alcaldía Bolivariana de Maracaibo.