Las emociones y el COVID-19: del miedo al aprendizaje

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El mundo cambió el ritmo, incluso las llamadas grandes potencias quedaron indefensas ante un enemigo invisible y poderoso: el COVID-19. Otra pandemia se suma al siglo XXI, que cuenta con antecedentes horrendos en materia de enfermedades infecciosas. Sí, las ciudades se han apagado y las rutinas dieron un vuelco, la gran pregunta es: ¿estábamos preparados para tantas transformaciones a la vez?

Cada persona ha buscado su refugio en estos momentos cuando solo queda una opción: la prevención y el distanciamiento social. Es válido sentir miedo y otras emociones ante esta “tempestad” que nos lleva a revisar medios de comunicación de manera constante, cambiar las tareas y planificaciones, perder libertad de movimientos, sobrellevar los apuros de la vida diaria y un sinfín de eventos que generan angustia o frustración. El reto es claro: avanzar y aprender, para que cuando esta pandemia culmine todos actuemos con responsabilidad y conciencia.

No pasa nada

Como lo explica la psicóloga clínico, Ivanna Marín (IG: @tribucempasuchil), es difícil enfrentar emocionalmente una pandemia, porque no es un tema que se conversa comúnmente en el hogar o en la escuela: “Estamos educados para pensar que a nosotros y a nuestro entorno no le va a ocurrir nada”, acotó. Para hacerle frente a la situación actual la experta precisó: “Lo primero es tomar conciencia de lo que sucede y preservar nuestros recursos emocionales, es decir, tratar de no invertirlos en situaciones que nos generen angustia, malestar, incomodidad o estrés. Esto puede sonar contradictorio, porque el día a día y sus bemoles nos obliga a mantener una inversión energética que nos debilita o nos desgasta, eso contrarresta la idea de enfrentar la pandemia. Es sumamente importante que si dentro de nosotros, en nuestro interior psíquico, existen procesos perturbadores, busquemos diferentes formas de lograr la serenidad, sobre todo con rutinas organizadas y una buena alimentación”.

¡Nos abrumamos!

Claro que es válido abrumarse en esta situación. Es necesario aceptar que como individuos es normal experimentar un cúmulo de emociones como laincertidumbre, el miedo, la tristeza, entre muchas otras que son consideradas negativas, por un asunto de clasificación. Este tipo de emociones son indispensables, se deben vivir y experimentar. Detrás de ellas viene un procesamiento de información que permite el crecimiento personal. Sin embargo, se debe estar atento y evitar llegar al colapso total, porque eso conlleva a sufrir una patología.

“Si la emoción afecta las áreas de mi vida de forma significativa, por ejemplo: rompo comunicación con mi entorno familiar, no siento ánimo para llevar mi rutina, todo genera mucha angustia... no puedo moverme, no puedo pensar, no me quiero bañar, solo me siento cansado e irritable. Si las emociones negativas se maximizan al punto de que generan malestar clínicamente, es momento de acudir a terapia con un profesional de la salud mental”, añadió Marín.

El dato

Para evitar que las emociones negativas sobrepasen los límites, Ivanna Marín (ivanna.mb87@gmail.com) recomendó:

-Mantener una rutina. Aun cuando las personas no puedan salir de sus hogares, es necesario organizar tareas prácticas que permitan mantener la sensación de orden. Desde el aseo, leer un buen libro, trabajar en casa, hacer ejercicios, el uso adecuado y racional de los medios masivos, estudiar, peinarse, relajarse, hasta simplemente acostarse y disfrutar de la soledad.

-Lograr una buena alimentación, según las posibilidades y recursos.

-Abrir espacios para disfrutar de nosotros mismos; revisar qué molesta o agrada en nuestro interior.

-Es una situación que amerita estar presente. Hay que hacerle frente, estar aquí, entregarse. Es importante hablar mucho de lo que se siente o de lo que se piensa y hablar con distintas personas. Las relaciones interpersonales se mantienen con el distanciamiento prudente y dentro de los espacios permitidos.

“Enfrentar la mierda”

Si de alguna manera se puede sacar provecho a esta situación, va a depender siempre de las condiciones de cada individuo. No existen recetas mágicas. Marín aseveró que se publica mucha información para que en estos momentos se intenten minimizar las emociones negativas y a su vez maximizar las positivas, pero eso a largo plazo genera un vacío e incongruencia emocional.“¿Por qué esa incongruencia? Porque no todo el mundo tiene los recursos, no todo el mundo tiene la capacidad positiva de automotivarse, no todo el mundo cuenta con la ayuda necesaria, no todo el mundo tiene espacios de aislamiento, no todo mundo tiene trabajo, no todo mundo tiene dinero o comida, no todo mundo tiene una buena relación de pareja... Muchas veces nos olvidamos de esas realidades”, acotó.

Para esta profesional sacarle provecho a la pandemia significa reconocer y conocer todo lo que nos afecta y molesta. “Debemos preguntarnos si vamos a enfrentar lo que nos incomoda o lo vamos a evadir. Esa es la pregunta. No se trata solo de leer 200 libros, hacer crossfit u otras cosas. Siento que esas son vías de escape que nos hacen huir de la verdadera emocionalidad que hay que experimentar, entendiendo que no todo el mundo tiene la capacidad para sentarse y enfrentar la mierda”, explicó.

De igual forma, añadió que el término mierda no lo usa desde la perspectiva soez: “Uso este término basada en la perspectiva de Friedrich Perls, creador de la psicoterapia de la Gestalt, corriente que practico. Según este autor los propios procesos negativos son mierda, heces, excremento y nosotros somos acumuladores de ese excremento. A veces no somos capaces de reciclar nuestro excremento, sino que lo tenemos allí dentro y eso desgasta y nos hace daño. Debemos trabajar constantemente en nosotros mismos”, precisó.

Otra reflexión importante de esta psicóloga es que en la realidad que vivimos con esta pandemia se debe hacer conciencia de nuestras necesidades. Ella plantea que cada persona tiene la posibilidad de encontrarse con su “casa interior”, para revisar muy dentro sobre sus carencias y fortalezas en todas las perspectivas: familiares, profesionales, sociales y personales.

Un alto a las mujeres

La psicoterapeuta declaró que la mujer, una vez más, asume el papel protagónico en el hogar durante estos tiempos de crisis, por lo que debe tener sus espacios de descanso y retrospección.

“Debe existir una rutina que se parezca mucho a la rutina que tienes fuera de la pandemia. Incluir actividades. Se dice eso muy chévere, pero no todos los días puedes vivir en “el país de las maravillas”, es mentira. Pero sí puedes incluir espacios contigo misma. Nosotras como madres y mujeres necesitamos al menos 40 minutos estando a solas (...) Apaga el celular, conéctate contigo misma, recuerda historias, piensa, toca tu cuerpo, siente como el aire entra tus pulmones. Recuerda que no solo somos mamá, esposa o la responsable de todo”, aconsejó.Además, advirtió que esta cuarentena ha evidenciado el alto índice de violencia que sufren las mujeres, así que hizo el llamado: “Si hay realidades como la violencia de género es importantísimo acudir a las instancias o entes encargados para atender estos casos. No estamos solas”.

Estamos en cautiverio

Uno de los factores que más altera emocionalmente es la sensación de pérdida de libertad. Algunos pueden llegar a sentir que están “presos” dentro de su casa y eso causa desasosiego.

“Si reflexionamos profundamente, se puede decir que entramos en cautiverio porque destruimos nuestro propio ecosistema, entonces el ecosistema se está sanando a ver si nosotros podemos retornar. Desde el punto de vista social, siento que es importante dejar de minimizar la sensación de pérdida de libertad para hacer conciencia que algo macro está pasando fuera de nosotros. Por ejemplo, detallar cómo la naturaleza se recupera; cada animal está retornando a su hábitat. Es importante reflexionarlo para entender que ahora me toca a mí entrar en cautiverio porque necesito conectarme conmigo misma, porque necesito hacer conciencia de que hay cosas que no estoy atendiendo adentro”, resaltó.

Del miedo al aprendizaje

Si algo está claro es que la pandemia pasará; nada es permanente. La esperanza está allí latente. En algún punto, la relativa “normalidad” regresará.

“Esto es transitorio y ciertamente si nos permitimos escuchar las emociones negativas que tenemos alrededor, la situación va ser muy llevadera y venidera. Va a ser un proceso súper enriquecedor porque vamos a poder aprender a manejar lo que hay que manejar, que son las incomodidades, el encuentro con lo oscuro”, añadió Ivanna.

Según la experta estamos simplemente ante el ciclo natural: vida-muerte-vida, que expone Clarissa Pinkola Estés en el libro “Mujeres que corren con lobos”. Lo que evidencia el proceso de duelo que hoy la humanidad enfrenta y que cada individuo va a llevar de manera diferente.

“El duelo de perder la vida que llevaba antes, enfrentar la vida que ahora debo tener y la vida que voy a tener después, cuando toda la pandemia pase. Vida-muerte-vida, ese ciclo es importante entenderlo. Cada quien va a transitar las etapas de duelo de acuerdo con sus necesidades, sus referentes, sus capacidades, sus vivencias y sus recursos. Es un proceso individual que puede transitarse mucho mejor si decidimos hacerlo de la mano de unterapeuta, de la mano de la espiritualidad... o de cualquier otro recurso que escojamos según las capacidades y condiciones”, concluyó.

 

El COVID-19 dejará muchas lecciones, falta mucho por escribir, pero sin duda, es el momento de ser solidarios con nuestras emociones, con nuestros seres más queridos, con nuestros vecinos... con nuestro país. Quizás en algún momento nos vamos a “quebrar” emocionalmente, es verdad, pero el proceso no termina allí. Todo esto pasará y algo aprendimos.

Por: Yuri Alarcón
Oficina de Comunicación e Información

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